Holanda en tren – una gran aventura

Por Helena Lopez

En febrero del 2012 emprendí mi primera gran aventura: recorrer los Países Bajos en Tren. El motivo de mi viaje fue visitar a una gran amiga que vive en el sur del país, concretamente en Tilburgo. Sin querer desaprovechar la ocasión de conocer el país a fondo, ideé una ruta de 10 días durante los cuales visitaría más de una ciudad.

La ciudad de inicio fue Ámsterdam. Allí estuve 4 días visitando esta gran capital europea. Entre otras cosas, los lugares que mejor recuerdo fueron la casa de Ana Frank, el museo Van Gogh y sus enormes y preciosos canales que cruzaban de punta a punta la ciudad. Ese año fue, por casualidad, uno de los más fríos en años, la cual cosa provocó que se helasen los canales y fuera posible deslizarse por el agua, sin duda una experiencia única.

holanda-en-tren-1Canales helados. Imagen: Elaboración propia

Lo que más me impresionó fue el barrio rojo: la manera en la que las mujeres se exponen en los escaparates como si fueran objetos para que los hombres las escojan… fue un hecho impactante, ya que no había visto cosa igual en ningún otro lugar del mundo. Una vez finalizada mi visita a la capital del país, mis botas y yo continuamos nuestra aventura hacia un pequeño pueblo llamado s’Hertogenbosch, ubicado a 1h 30’ aproximadamente en tren. Durante el camino pude observar varias estampas: desde pequeños pueblos rurales hasta enormes y verdes prados, los cuales están perfectamente adaptados a las bajas temperaturas del país. La verdad es que tuve que prestar especial atención para no pasarme la parada, ya que los trenes en Holanda, al menos los que yo cogí hará más de cuatro años, sólo ofrecía la información en Holandés, en ningún otro idioma que yo pudiera entender.

Una vez en Den Bosch (abreviatura de s’Hertogenbosch), me dispuse a visitar este pueblo de estilo medieval. Recuerdo perfectamente la plaza del pueblo donde se celebraba el mercado diario, con muchos puestecitos donde comprar desde alimentos como galletas y bollería hasta ropa de abrigo. También recuerdo el río que atravesaba la ciudad, el cual me recordó levemente al río Sena, en París.

holanda-en-tren-2Ciudad de Den Bosch con vistas al río. Imagen: Elaboración propia

Por último, me dispuse a probar algún ítem gastronómico típico del lugar, ya que en los Países Bajos en general no tienen una gran variedad de alimentos como los que podemos tener en el Mediterráneo. Así pues, probé uno de sus postres más famosos, llamados Boschen Bolle, un bollo relleno de nata y cubierto de chocolate con leche caliente… ¡ideal para los días fríos! Realmente, este pueblo se ve en un día, con lo cual una vez finalicé mi visita, cogí de nuevo un tren que me llevó directa a Tilburgo, y no tardé más de 30 minutos en llegar.

Allí en Tilburgo no hay demasiados lugares de interés turístico, de hecho el único elemento arquitectónico que podría resultar de interés es la Catedral de la ciudad.

HOLANDA EN TREN 3.jpg

Catedral de Tilburgo. Imagen: Elaboración propia

Allí pasé el resto de días con mi gran amiga Samantha, nativa de Holanda, y entre otras cosas visitamos también el parque de atracciones de Efteling. Sin duda una gran y divertida experiencia, aunque dados los fuertes fríos muchas de las atracciones de agua estaban totalmente congeladas e hicieron imposibles su funcionamiento.

holanda-en-tren-4Atracciío Congelada. Imagen: Elaboración propia

Finalmente, tras haber conocido mejor su ciudad natal, ambas nos dispusimos a visitar Rotterdam, así que, ¿adivináis? Cogimos otro tren desde Tilburgo hasta Rotterdam, el cual tardó aproximadamente 1 hora. Para ser sinceros, Rotterdam es una ciudad bastante actual, no tiene demasiado interés histórico-cultural ni tampoco natural, de hecho el lugar más importante es el puerto. Se trata de un puerto mercantil, punto de entrada de muchas rutas marinas que se dirigen a Holanda. Allí realizamos un crucero, comparable a las Golondrinas de Barcelona, pero en este caso sólo pudimos apreciar la zona industrial de la ciudad, la cual cosa le resta interés a la visita.

holanda-en-tren-5Rotterdam. Imagen: Elaboración propia.

Tras pasar el día en esta gran ciudad y de haber realizado unas cuantas compras, volvimos a Tilburgo para pasar la noche y para celebrar el Carnaval, que casualmente coincidió en las fechas que yo fui. Fue una grata experiencia haber podido vivir el carnaval de un modo distinto a como lo celebramos en Barcelona, con otro estilo de música y con personas diferentes. A la mañana siguiente, tuve que despedirme de mi amiga y ponerme rumbo al aeropuerto. Para ello, tuve que coger, de nuevo, dos trenes, siguiendo exactamente el mismo recorrido que realicé a la salida, sólo que a la inversa: Tilburgo – s’Hertogenbosch – Ámsterdam.  Por suerte, este tren tenía parada en el aeropuerto, con lo cual no tuve que hacer más transbordos, lo cual hubiera sido muy cansado, dado que iba bastante cargada entre las maletas y las bolsas que no cabían dentro de las maletas. Recuerdo este viaje como uno de los más emocionantes de mi vida, ya que nunca me había movido por un país desconocido en tren y ese hecho me dio el impulso que necesitaba para descubrir que el mundo es tan diferente para no conformarnos con ver siempre lo mismo… ya que el hecho de viajar enriquece nuestra cultura.

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